Perspectiva sobre el precio de Bitcoin: 24/11



Ya es prácticamente un consenso (entre “inversores”) que tendremos más volatilidad y declives en los mercados para el próximo año. Esto no solo es un asunto de presiones “cíclicas”. También es un asunto de presiones “estructurales”. Simple y sencillo. Así están las cosas.

Los inversores están modificando sus expectativas debido a un cambio de las condiciones. Y, en este caso, cuando digo “un consenso entre los inversores” me refiero a encuestas y a entrevistas realizadas a administradores de fondos globales por los grandes bancos. Siéntanse en la libertad de indagar más y verificar esta afirmación. Recordemos que en el mundo de las finanzas las expectativas, en la mayoría de los casos, tienden a hacerse realidad en la forma de profecías autocumplidas.

Ahora bien, la gran pregunta: ¿Por qué las instituciones esperan más volatilidad y declives?

Una de las maneras de encauzar esa incógnita es analizando el mecanismo de valorización utilizado antes y durante la pandemia. Es decir, si los inversores en aquel entonces para comprar realizaron una valoración en determinadas condiciones, no hay que ser un genio para saber que ante un cambio de condiciones dichas valoraciones deben someterse a un reajuste. ¿Cuáles eran las expectativas para entonces? ¿Dónde estamos en este momento?

Muchos inversores de Big Tech realizaron sus valoraciones basados en los futuros ingresos de la compañía. Mejor dicho, se realizaron las proyecciones de los ingresos en el futuro y sobre esas proyecciones se estimó el valor (potencial) de la compañía para aquel momento. Esta metodología es obviamente una apuesta al crecimiento. Y, en este respecto, hay, por supuesto, mucha tela que cortar.

La inversión en crecimiento tiene muchos amigos, pero también tiene muchos críticos. Para los inversores en valor, la inversión en crecimiento es una vulgar especulación. Entonces, este uso de la palabra “crecimiento” se interpreta como un eufemismo usado para esconder lo que realmente está pasando: Especulación. Se compra esperando que el precio de la acción suba en el futuro. Pero las valoraciones actuales de la compañía no se corresponden con su valor intrínseco. Es decir, no se corresponde al valor de los activos (subyacentes) de la compañía y/o a los ingresos reales de la compañía en este momento. O sea, los fundamentales no justifican el precio de mercado de la acción. Así de sencillo. Lo que se hace es especular sobre un futuro probable realizando suposiciones sobre la apreciación de la acción en el futuro para comprar hoy.  

Claro que las inversiones en crecimiento y a sobreprecio durante un boom especulativo no siempre son una mala idea. Si las expectativas se cumplen y la compañía, en efecto, crece al ritmo esperado, los inversores tempranos hacen su diciembre. De pronto, los ingresos no son tan elevados, porque la liquidez y la codicia pueden financiar el sobreprecio sin mayores inconvenientes. Es decir, la apuesta puede funcionar, porque las condiciones están dadas para que funcione. Y, de hecho, este tipo de inversión ha funcionado muy bien durante la última década. O sea, cuando el asunto da resultado, da resultado. Sin embargo, si algo sale mal y no se cumplen las expectativas, la caída puede ser grande. Bueno, eso es exactamente lo que está pasando en este momento.

Los inversores compraron un futuro que no llegó. Y ahora no hay más remedio que reajustar las valoraciones. En el 2020 y en el 2021, la temporada 2023-2024 se presentaba como una etapa de crecimiento y prosperidad. ¿Por qué? Porque estas eran las expectativas debido a los pronósticos geopolíticos, macroeconómicos y monetarios.

¿Cuáles son las expectativas ahora en torno al 2023? Me temo que la cosa ha cambiado bastante. Las expectativas ahora son otras y eso nos obliga a sopesar nuestras valoraciones de un modo completamente distinto.

En el mundo cripto, todavía hay mucha negación en este sentido. Leyendo Twitter, nos podemos dar cuenta de este fenómeno. Al parecer, muchos están subestimando a este mercado bajista como un ciclo promedio más. Y no se reconoce su excepcionalidad. Entonces, un $16K hoy se consideran prácticamente lo mismo que un $16K en el 2019. De hecho, se cae en la ilusión de percibir a esa $16K como un descuento considerando que el precio de Bitcoin casi alcanzó $70K el año pasado. La lógica va algo así. El precio de Bitcoin ha bajado mucho. Entonces, significa que Bitcoin está “barato”. Eso ocurre, porque se está usando el mismo marco de valoración utilizado antes y durante la pandemia. Todavía se está pensando bajo el viejo paradigma. 

El precio se estima igual. Y los tiempos se estiman igual. Lo único que debemos hacer es comprar y esperar. Será igual que antes. Un piso. Una recuperación. El halving. Rompimiento del máximo histórico. Y Bitcoin a la luna. Todo eso respetando los mismos lapsos de antes. Listo. Fácil. Sencillo. Pregunta: ¿Acaso esto es realista? 

Ahora bien, retrocedamos en el tiempo. ¿Por qué Bitcoin subió de precio durante el 2013, el 2017 y el 2020? ¿Cuáles fueron las condiciones que permitieron esas alzas? Podemos ir punto por punto. ¿Macroeconomía? ¿Geopolítica? ¿Productividad? ¿Crecimiento? ¿Expectativas?

Lamentablemente, en esta oportunidad, no es cuestión de dibujar líneas en una gráfica y listo. ¿Por qué? Porque es sumamente ingenuo anticipar que los vaivenes del precio imitarán al pie de la letra al histórico. Las condiciones han cambiado radicalmente y es solo sensato también modificar nuestras expectativas. Los inversores están reajustando sus valoraciones del mercado bursátil debido al nuevo paradigma. ¿El criptoinversor está haciendo lo mismo? ¿O todavía están pensando con la misma mentalidad del 2020?

El precio es un reflejo de la oferta y la demanda. Un precio anticipando un entorno de mucha demanda no es igual a un precio anticipado en un entorno de menor demanda. Un $16K en el 2019-2020 no es igual a un $16K en la actualidad.

¿Para qué invertimos? Para crecer financieramente. Y, para lograr eso, debemos comprar hoy con la expectativa de un mañana mejor. O sea, en nuestra expectativa, la demanda de mañana debe ser mayor a la demanda de hoy. En ese momento, surge la oportunidad. Entonces, no es cuestión de hablar de “caro” o “barato” usando como referencia el histórico. Esto es un asunto de demanda. ¿De dónde saldrá la demanda?

Pensemos en diciembre de este año y en el primer trimestre del próximo año. ¿Cómo será la demanda? ¿Mayor o menor que ahora? Pensemos en las instituciones. ¿Qué dicen los administradores de fondos de cobertura? ¿Qué ha dicho la Reserva Federal? ¿Qué dicen los grandes bancos? ¿Cuáles son las expectativas?

A todo esto, se le debe añadir la situación particular de la industria cripto en estos momentos. ¿Es el momento de entrar? ¿O es el momento de esperar? El colapso de FTX ha generado una crisis de confianza y credibilidad más allá de la volatilidad de Bitcoin. La reputación se pierde fácil y rápido. Pero me temo que recuperarla requiere de un proceso mucho más largo. 

No es intención aquí proponer una postura bajista. Lo que, en realidad, quiero es recordarles a mis lectores sobre la importancia de la futura demanda al momento de realizar una valoración de Bitcoin. O sea, no es hablar del precio con un falso sentido de certeza apoyándose en las glorias pasadas. Debemos mirar al futuro. Y debemos realizar un estimado objetivo de la futura demanda. ¿Cómo ves la demanda en el primer trimestre del año nuevo? 

 Aclaración: La información y/u opiniones emitidas en este artículo no representan necesariamente los puntos de vista o la línea editorial de Cointelegraph. La información aquí expuesta no debe ser tomada como consejo financiero o recomendación de inversión. Toda inversión y movimiento comercial implican riesgos y es responsabilidad de cada persona hacer su debida investigación antes de tomar una decisión de inversión.

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